Recordando al más grande escritor paraguayo, Augusto Roa Bastos

El 13 junio de 1917, nacía el autor más importante de la historia del Paraguay y uno de los más célebres escritores de latinoamérica, Augusto Roa Bastos.

Aunque nació en Asunción, se mudó a Iturbe con su familia a los pocos meses, y ahí entre el guaraní y el castellano recibió la educación inicial de manos de su padre, un hombre severo de ascendencia española, ex seminarista; y desarrolló el gusto por la lectura con su madre, una mujer sensible y muy culta, que lo acercó a la biblia y a las obras de Shakespeare a muy corta edad. A los 8 años, Augusto sería enviado de nuevo a la capital a cargo de su tío abuelo el obispo Hermenegildo Roa, que siguió alentando su vocación por la lectura y donde incluso leyó autores prohibidos para su edad, como Rousseau y Voltaire.

Más tarde el mismo Roa Bastos reflexionaría sobre el poder como constante en sus obras:  “La represión siempre produce el contragolpe de la rebelión. Desde que era niño sentí la necesidad de oponerme al poder, al bárbaro castigo por cosas sin importancia, cuyas razones nunca se manifiestan”.

Con el estallido de la Guerra del Chaco, Augusto y sus compañeros del colegio San José quisieron participar pero debido a su edad fueron destinados como auxiliares de enfermería y aguateros. De ese lugar, Roa Bastos tomaría toda la experiencia con la que escribiría luego la multipremiada obra “Hijo de Hombre” en 1960, que marcará un antes y un después en todo su trabajo.

A los 13 años, escribió con su madre una pieza teatral llamada “La carcajada”, que iban representando de pueblo en pueblo a fin de recolectar donaciones para los soldados. Dos años más tarde nacería “Lucha hasta el alba”, su primer relato, el cual se perdió por mucho tiempo y recién apareció y fue publicado en 1979.

Ya después de la guerra, Roa Bastos trabajó en un banco, y luego en el diario El país como periodista, vivió un año en Inglaterra, entrevistó al general Charles de Gaulle, y asistió como periodista en los Juicios de Núremberg en Alemania.

Con la asunción del dictador Alfredo Stroessner, su ministro de hacienda Juan Natalicio González ordenó la captura de Roa Bastos tildándolo de comunista, aunque el escritor no había mostrado ningún parecer político en sus obras. Era una vendetta infantil y personal de González ya que Augusto Roa Bastos había ridiculizado sus escritos sobre historia y se negó a saludarlo en un evento. Cuando la policía lo fue a buscar, no lo encontró porque se escondió en el tanque de agua durante dos días, refugiándose luego en la embajada de Brasil y estableciéndose después en Buenos Aires donde publicó la mayoría de sus obras.

En 1953 escribe el libro de cuentos “El trueno entre las hojas”, a la par de que trabajaba como mozo, vendedor, o redactor.

Pero, ¿sabías que Augusto Roa Bastos también fue guionista de cine?

En 1958 empieza a guionar convirtiéndose ésto en su fuente principal de ingresos, al mismo tiempo que cultivaba una amistad con personalidades como Ernesto Sabato y Tomás Eloy Martínez. Cuenta en su haber con más de 12 películas.

Mientras Paraguay intentaba sobrevivir a otra dictadura con Stroessner, en la mente de Roa Bastos se iba gestando su obra cumbre, basada también en un dictador. En 1974 publicaría “Yo el Supremo”, novela que le tomó 6 años escribir, y le costó un desgaste físico y mental enorme. La pieza está escrita enteramente desde la perspectiva de José Gaspar Rodríguez de Francia, dictador del Paraguay de 1814 a 1840. Es aquí donde su escritura alcanza tal nivel de complejidad textual que le merece alabanzas tanto de la crítica internacional como de sus colegas, en un texto que analiza de forma profunda el poder absoluto centrado en una sola persona. Este año, esa obra cumple ¡medio siglo!

En 1982 intentó volver al país para registrar a su hijo, pero fue capturado y deportado a la ciudad argentina de Clorinda, acusado de difundir ideas marxistas y leninistas en los colegios. A partir de ese momento el trabajo de Roa Bastos se centraría en criticar abierta y duramente a la dictadura y denunciar sus crímenes, y también aparecería el tan famoso mote “tiranosaurio” para el dictador.

Con la caída de Stroessner en 1989, la alegría para Augusto Roa Bastos sería doble, ya que también obtuvo el galardón más importante de las letras castellanas: el Cervantes. Pasarían un par de años antes de que volviera a vivir nuevamente en suelo guaraní, pero siguió trabajando y sacando novelas como Vigilia del Almirante (1992), El fiscal (1993), Contravida (1994) y Madama Sui (1995), muchas de ellas con una presencia casi protagónica del discurso feminista, que desde siempre estuvo presente en sus novelas.

En medio de muchas polémicas, Augusto Roa Bastos falleció en Asunción el 26 de Abril del 2010 de un ataque al corazón, y el gobierno decretó tres días de asueto nacional en conmemoración al más grande escritor que haya tenido nuestro país. Al momento de su muerte, varias de sus obras se extraviaron de su propia casa, incluyendo dos en las que estaba trabajando antes de morir, novelas y guiones de cine escritos durante su exilio en Francia. Sus restos descansan en el panteón de sus padres en el cementerio de la Recoleta.

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